lunes, 17 de agosto de 2015

La pesadilla de Walter Benjamin



    En el año 1964 se publica en Estados Unidos "El Hombre Unidimensional" (A One-Dimensional Man) considerada por muchos como una de las obras más subversivas del siglo XX, en la que se ofrece una visión pesimista de la sociedad de consumo. Ese mismo año la Brandeis University opta por no renovar el contrato a su autor, Herbert Marcuse, a pesar de ser uno de los profesores más carismáticos del momento. "El Hombre Unidimensional"  termina con una conocida cita de Walter Benjamin: Sólo nos viene dada la esperanza por quellos que no tienen esperanza.  ¿Por qué ambos autores comparten el mismo pensamiento desesperanzado en contextos tan diferentes? El terror nazi del que huía Benjamin no parece tener nada en común con la libertad y prosperidad encarnada por el sueño americano en la década de los sesenta. El warfare state de Hitler contra el welfare state de la sociedad americana, como bien expresaba el Arzobispo de Canterbury.


   Un totalitarismo dulce y sutil. Como si fuera el falso canto de una sirena, Marcuse reniega de este sistema socioeconómico por motivos de peso. Cuestiona el potencial revolucionario del proletariado, uno de los pilares básicos del marxismo. Según él, en el capitalismo avanzado se produce una pérdida de conciencia de clase derivada de la inmersión en la sociedad de consumo. El sueño americano consiste precisamente en eso, en ser un caleidoscopio de movilidad social capaz de convertir a un botones en propietario de una cadena de hoteles a través de su esfuerzo y mérito personal: Estados Unidos como Tierra de Destino. El espejismo funciona como un mito o epopeya de la época clásica, como un elemento cohesionador que representa valores, gestas y modelos a seguir. Un destino común a todas las clases sociales, unidas por un sentimiento de igualdad de oportunidades. En fin,  borrando de un plumazo la contradicción dialéctica que conduce a la subversión del sistema. Por eso Marcuse defiende que sólo gracias a los excluidos y los marginales podrá alimentarse la esperanza de un cambio. Y por eso se hace eco del viejo aforismo de Benjamin al final de su obra.


    ¿Pero hay, además, otros elementos en juego? Quizá no sea  casualidad que este mismo año, 1964, coincida con la exposición "The American Supermarket" en Nueva York. Cuando Andy Warhol  muestra en ella productos de consumo como si fueran obras de arte está encarnando la peor pesadilla de Benjamin: representa la pérdida del aura que describía en "La obra de arte en la época de la reproductibilidad técnica" y materializando sus vaticinios de 30 años atrás:

   Quitarle su envoltura a cada objeto, triturar su aura, es la signatura de una percepción cuyo sentido para lo igual en el mundo ha crecido tanto que incluso, por medio de la reproducción, le gana terreno a lo irrepetible. Se denota así en el ámbito plástico lo que en el ámbito de la teoría advertimos como un aumento de la importancia de la estadística.


   El icono del pop-art consuma la desesperanza benjaminiana de la forma más absoluta. Porque al menos el nazismo era un fenómeno identificable y localizado contra el que se podía luchar. Hay múltiples formas de ejercer la violencia, de encubrirla o de rechazarla. Es poco conocido el atentado que sufrió Warhol a manos de Valerie Solanas el 3 de junio de 1968, que a punto estuvo de costarle la vida, debido a que el asesinato de Kennedy lo eclipsó por completo. El factor desencadenante fue un despiste aparentemente inocente:  Warhol perdió un manuscrito que le había confiado Solanas para su lectura. La pérdida del original sumió a la autora en un estado de frustración que agravó más su inestabilidad psíquica. Sin cuestionar el valor intrínseco de su obra, Solanas escribía desde el dolor y la enfermedad, desde su propio desgarramiento personal. Y se tomaba muy en serio su trabajo. La  consideración y reparación que exigió por su pérdida no se produjo y se desencadenó la tragedia. Solanas contra Warhol, una lucha entre dos fuerzas opuestas que expresa muy bien el paradigma inmunológico de la dialéctica negativa que describe Chul Han en "La sociedad del cansancio"

   Una época inmunológica mediada por una clara división entre el adentro y el afuera, el amigo y el enemigo o entre lo propio y lo extraño...el extraño será eliminado a causa de su "otredad".

Y bien es cierto que en la década de los 60 se polarizan los extremos: en febrero del 67 muere la última paciente lobotomizada por el Dr Freeman, Helen Mortensen, el mismo año de la publicación de "Psiquiatría y antipsiquiatría" por David Cooper, obra revolucionaria dentro del campo de la psiquiatría y que dará nombre al movimiento crítico que subvierte los presupuestos teóricos de esta disciplina.


   Pero el paradigma inmunológico no es compatible con el proceso de globalización y será sustituido por el de lo idéntico, el del exceso de positividad en el que lo extraño se sustituye por lo exótico. Este nuevo paradigma se corresponde con el giro dado por la llegada de la posmodernidad. El fenómeno yuppie, Reagan y el thatcherismo marcaron el signo de los nuevos tiempos. Entonces, la filosofía crítica llegó a parecer algo superado, hegelianamente hablando. El hombre sensato de esta nueva época ya no tiene pájaros en la cabeza. Y mira hacia atrás y parpadea. Parpadea con extrañeza  desde su asertividad, desde su proactividad productiva, desde su diálogo constructivo: los nuevos valores del fariseismo psicologista que Baudrillard desenmascara como la violencia del consenso, una violencia que opera por analogía con las células cancerígenas.

   El hombre de ahora no se lamenta demasiado por el retroceso sufrido en los derechos sociales. No echa en falta el sentido reverente, el sentimiento íntimo que suscitaba la obra de arte en otras épocas. Ni la dignidad del artesano. Todo ello son desvaríos del pasado. Porque, en el fondo, sabe que no es lógico creer que una sociedad alimentada con chucherías y alimentos refinados pueda tener músculo para luchar ni para aspirar a algo más allá de alcanzar una medida razonable de confort.

En eso consiste el dulce abrazo del estado de bienestar.



"La obra de arte en la época de la reproductibilidad técnica" Walter Benjamin

"La sociedad del cansancio", Byung-Chul Han. Herder Editorial, 2012.

"La agonía del poder" Jean Baudrillard, Círculo de Bellas Artes, 2006

"Walter Benjamin. Historia de una amistad." Gershom Scholem, Debolsillo, Mondadori, 2007.




martes, 14 de julio de 2015

Portbou,1940





   Sólo nos es dada la esperanza por aquellos que no tienen esperanza

   Walter Benjamin, autor de este aforismo, murió el 27 de septiembre de 1940 cuando huía de los nazis. Sucedió en el Hostal Francia de Portbou, el pueblo fronterizo más septentrional de España, encajado entre los Pirineos y el Mediterráneo.

   Tras dos días de penosa marcha por la montaña, con el corazón enfermo y fatigado, parecía que en Portbou iba a lograr por fin escapar del horror. Al llegar se dirige confiadamente a las autoridades, portando el permiso de extradición a los Estados Unidos. Allí esperaba reencontrarse con sus compañeros de la escuela de Frankfurt y recuperar su libertad. La suerte no estaba con él ese día:  justo esa mañana hubo orden de deportar a los que llegaban. Los gendarmes lo custodian hasta el hostal y al día siguiente es certificada su muerte, aparentemente por suicidio.

   En sus bolsillos llevaba apenas lo suficiente para pagar durante cinco años una plaza en el cementerio municipal.



   Benjamin era un filósofo judío y marxista peculiar. Para él la verdad debía buscarse en los márgenes de la historia: en los inadaptados, en los excluidos, en las víctimas: en todos los que cuestionan con su mera existencia la autocomplaciente narración del sistema y se convierten en interrogantes incómodos.

   Es por ello que debemos escuchar a los que todo futuro se niega. Porque al romper esa narración optimista y alegre de la historia hacemos justicia. Y también impedimos que los protagonistas y los vencedores perpetúen su victoria sobre las víctimas, impidiéndoles descansar en paz.  Hacemos justicia abriendo fisuras en el metarrelato de la lógica del sistema. Porque fue, en suma, el avance del progreso y la civilización el que nos ha llevado directamente hasta Auschwitz. ¿No es acaso la Ilustración la cuna de la cultura occidental? Pues busquemos en ella la semilla de los campos de exterminio: en la todopoderosa razón ilustrada,  símbolo del progreso y el dominio de la ciencia sobre la naturaleza.

   Para Benjamin no sirven los ideales surgidos de abstracciones. Sólo de la solidaridad en el recuerdo, a través de la experiencia singular del sufrimiento humano (Concreto y Humano) puede brotar una ética que impida la repetición de Auschwitz. Porque la utopía se alza, fugaz al revivirse el sufrimiento de las víctimas...

   El destino final de Benjamin nos invita, pues, a revivir su sufrimiento tanto como a leerlo.


domingo, 8 de febrero de 2015

Habit




Esta canción de Ought foi clasificada pola revista Rolling Stone como unha das 50 mellores do ano 2014. Se a escoitades faredes unha curta viaxe á escuridade da adición, pois se trata dunha recreación da necesidade, case metafísica, que está nas raices deste fenómeno universal.

Universal, dicimos? A continuación expomos unha síntese dun artigo de Johan Hari publicado no Huffington Post no que tenta desvelar, nas súas palabras: o misterio esencial da adición. O punto de partida da súa tese fundaméntase nun experimento con ratas feito polo psicólogo Bruce Alexander na década dos 70, que construíu un parque para ratas,"Rat Park", obtendo un resultado sorprendente: Ás ratas que levaban unha boa vida non lles gustaba a auga con droga. Este estudo desmontou outros anteriores que tiñan a peculiaridade de usar ratas illadas, que sí mostraban unha marcada tendencia á sofrir adicción pola auga con droga.

Os resultados desta investigación son extrapolables ás persoas? Para atopar a resposta, trasladámonos a un acontecemento real, recollido nos Arquivos de Psiquiatría Xeral: a guerra de Vietnam. Nela o 20% dos soldados estadounidenses convertéronse en adictos á heroína. Sen embargo, cando regresaron a casa, o 95% deles abandoaron as drogas e poucos tiveron a necesidade de someterse á rehabilitación. A conclusión de Johan Hari é que o mecanismo da adición non é desencadeado polas cualidades químicas da sustancia aditiva, dunha maneira extrínseca, senón que debemos buscar as súas causas na negación cultural da maior das necesidades humanas: a de crear vínculos.  A adición só é unha adaptación a este medio cultural: non es tí. É a túa gaiola.

Esta reflexión cobra un novo sentido se a enmarcamos na tradición do pensamento occidental. Foi Descartes, no século XVII, o que mellor expresou o illamento da subxectividade como conciencia pensante: unha conciencia illada ata o límite de estar alienada respecto ao propio corpo, que sentía como algo extrano cuxa existencia precisaba, incluso, ser demostrada. Ás veces penso que vindicar unha demostración da existencia do propio corpo semella mais a extravagancia dun diletante que a reflexión íntima dun pensador honesto. Sen embargo, Descartes non "inventa" nada. Limítase a materializar nun sistema o arquetipo que impregnaba a conciencia colectiva da súa época. Porque se o problema non tivese nigún engarce, pasaría desapercibido. De feito, se quixera describir a súa filosofía con un título escollería "Na procura do vínculo perdido": o solipsismo do eu, a dúbida hiperbólica, a demostración de Deus...sempre detrás de explicacións racionais para restaurar as conexións co corpo e a fuxitiva realidade material.  Unha boa dose de teoría vale para todo: sempre é a receita de occidente.

En resumidas contas, a filosofía de Descartes mostra como a nosa alienación histórica comeza polo propio corpo. Como podemos restaurar o vínculo cos outros seres e coa nosa praxe? Esta cuestión ten moitas respostas na filosofía, comezando polas de Marx e Marcuse. Pero agora preferimos conectala coas consideracións de Richard Sennet na súa obra El Artesano, polo carácter revelador deste fio histórico do pensamento que nos ten presos na gaiola teórica da nosa propia cultura. Nas súas palabras:

la civilización occidental ha tenido un problema de honda raigambre a la hora de establecer conexiones entre la cabeza y la mano. Todas las habilidades, incluso las más abstractas, empiezan como prácticas corporales. 



http://www.huffingtonpost.es/johann-hari/se-ha-descubierto-la-causa_b_6569114.html

http://jpgarcia.blogs.upv.es/2013/08/20/el-artesano-de-richard-sennett/
http://elpais.com/diario/2009/05/16/babelia/1242431417_850215.html

sábado, 7 de febrero de 2015

O Experimento Koshima




Un grupo de  etólogos estaba a investigar a conduta dos macacos da Illa Koshima para comprobar se tiñan a capacidade de desenvolver a aprendizaxe cultural. E acharon un suceso sorprendente: ao botar uns grans de trigo na areia da praia observaron como os escollían traballosamente coas propias mans, ata que un deles tivo a xenial idea de levar uns puñados ao mar e esperar a recoller os grans que flotaban na auga.

O dato realmente curioso desta historia foi que o descobrimento partiu de Imo, unha mona xove de baixa categoría social.  Esta estratexia de Imo incorporouse á praxe do grupo constituíndose como unha aprendizaxe cultural: todos os demais, desde ese día, levaban a areia a agua para decantala.

É un feito casual que Imo fose un individuo marxinal dentro do seu grupo?
Como veremos mais adiante, recentes investigacións sobre o pensamento diverxente poden darnos a resposta... 



Bibliografía:

Animales inteligentes, Sally Boysen. Ed. Océano, ed.2009. pág. 90-93




domingo, 10 de noviembre de 2013

Quique Cadaval


   Onte, sábado 9 de novembro, poidemos disfrutar coa actuación de Quique Cadaval, ás 21.30 no local do colectivo A Nosa Terra, en Pontedeume.

   O espectáculo comenzou cunha reflexión sobre os valores que os contos tradicionais están amasando no subconsciente dos nenos pequenos: tanto Hansel e Gretel, como a inocente Brancaneves ou A Bela e a Besta son auténticas bombas axiolóxicas contra a nosa cultura.

   Especial interese tivo para min a súa análise do conto de Carapuchiña Vermella, a cuxo simbolismo terei que engadir unha nova volta de parafuso. Sempre interpretei a carapucha de veludo como unha metáfora do amor. A cor vermella indica paixón e  perigo, ambos significados aparecen fortemente conectados neste conto infantil. Pero, como ben sinala Quique, a carapucha vermella tamén pode ter outro sentido: usábase no medievo para indicar que as mozas xa tiveran a súa primeira menstruación. E revelounos tamén a cara mais sórdida que pode ocultar este conto: non é un pouco "cutre" ter á avoa illada nunha casiña do bosque e levarlle alimentos totalmente inadecuados para súa enfermidade e condición?

   Ante esta cuestión irrefutable, qué podemos facer para redimir a Carapuchiña, fiel compañeira da nosa infancia?

   Podemos, por exemplo, refuxiarnos en interpretacións mais amables deste conto:

  "Muy amada, Caperucita roja es, además, invitada a realizar una misión que complace a su corazón, ya que se trata de llevar a su abuela enferma una tarta hecha con la primera leche de oveja y con el vino, en el cual, en Alemania, se acostumbra a echar flores para perfumarlo. Éstos son, por tanto, los dones de la primavera y de la renovación de la naturaleza, que Caperucita roja va a depositar como ofrenda en casa de su abuela, al concluir el invierno. Es un momento especial y precioso, tras la larga separación invernal, en el que el corazón salta gozoso y el amor se expresa plenamente...".                                                      
                                                                            (Vivir la Magia de los Cuentos, ed. EDAF)

   Pero cal é a correcta, cal é a verdadeira?  En realidade, esta pregunta só pode formularse desde un pensamento unidimensional: todas as facetas da carapuchiña vermella conforman un mesmo tecido inmaterial, o da nosa tradición. Este tecido feito de contrastes e, tamén, de delicados matices actúa sobre nos con tanta realidade como as leis da física ou as verdades irrefutables da ciencia. Tal é a forza e a riqueza dos símbolos.

   Mais alá desta digresión, Quique desvelouse como un home do renacemento: houbo no seu espectáculo un pouco de todo:  interpretacións antropolóxicas, linguísticas e filosofícas...Pero máis importante que todo isto é que conseguiu materializar ás personaxes dos seus contos sobre o escenario. Especialmente o de defuntos que tiña como protagonista a Adelaida logrou arrepiarnos, nun final exacto e preciso no que transmutou a delicada flor de Coleridge nunha chapa de Iron Maiden, ao mais puro estilo do surrealismo galego.


Palabras clave:
Unidimensional,  Marcuse.
Tradición, Gadamer.